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“Nunca puede existir un niño acosador con unos padres responsables”

Ismael Dorado, psicólogo que ha tratado un caso de bullying en una niña con epilepsia.

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Empieza el colegio y con él otros problemas asociados. El bullying, o acoso escolar, es uno de los más peligrosos que se debe abordar en el momento en el que se detecta. Por desgracia, no ocurre siempre así y, al final, los que pagan las consecuencias son las víctimas. En el caso de los niños que sufren epilepsia, este acoso es más frecuente de lo que se puede imaginar y, según el psicólogo clínico Ismael Dorado, la clave pasa por la formación de niños, padres y docentes.

Ismael Dorado

Este experto, profesor colaborador de la Universidad Oberta de Cataluña, es autor del trabajo: ‘Epilepsia, Ansiedad y Bullying. Estudio de un caso real’, en el que ha plasmado su experiencia tras tratar a una niña afectada de esta enfermedad que sufría acoso escolar. Un estudio que se presenta esta semana en el Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, y que ya fue expuesto en una jornada celebrada en el Hospital de La Paz, el Día Nacional de la Epilepsia.

Dorado se lamenta de que la epilepsia es una enfermedad tan conocida como desconocida. “Esa ignorancia es lo que hace que la sociedad reaccione de forma incorrecta. A los chicos que les preguntamos si la conocían decían que era contagiosa y que no había que acercarse a quien la tiene”, explica.

P.- ¿Cómo termina eso en acoso escolar?

ID.- Los niños que tienen crisis los compañeros los ven raros y ese es el principio del bullying. El caso que yo he tratado es el de una niña con crisis de ausencia a la que los compañeros le decían, con toda la crueldad infantil descarnada, que era tonta y que la secuestraban los marcianos.

Hubo una segunda fase más grave en la que varios chavales le grabaron durante las crisis y lo subieron a las redes sociales haciendo escarnio de la situación. Un acoso en toda regla propiciado por el tópico exagerado que rodea a la epilepsia.

La chica despertó un pánico severo a padecer una crisis que, a su vez, multiplicó sus trastornos de ansiedad, y éstos retroalimentaron las crisis epilépticas. La pescadilla que se muerde la cola.

P.- ¿Cómo se detectó y se trató el problema?

ID.- La niña bajó mucho su rendimiento académico y se pasaba el día llorando. Fue el momento en el que los padres me contactaron. Sin embargo, es importante entender que no hay que tratar a la víctima, sino acabar con los acosadores.

Evaluamos la situación y se habló con el colegio, los profesores y los padres de los chicos. Se destapó la situación, sin significar nunca a la chica, y se hizo una labor de formación exhaustiva sobre la epilepsia en todo el centro. A partir de ahí, empezaron a tratar a la niña de forma diferente y hoy todo se ha parado.

P.- Un caso de éxito que… ¿quizá se podría haber frenado antes?

ID.- Probablemente. Hoy en día se habla con frecuencia de bullying y hay padres que lo denuncian cuando no lo es. Pero en otras ocasiones, se deja pasar demasiado tiempo. En este caso, estoy convencido de que el colegio conocía la situación y miró para otro lado. Es lamentable, pero hasta que no se habló de “denuncia” no se tomó ninguna medida. De hecho, la primera recomendación del director fue que se sacara a la niña del cole.

Por fortuna, cambiaron de parecer y la dirección, junto con el APA, decidieron poner en marcha una labor de formación y divulgación sobre la epilepsia explicando qué es la enfermedad, los diferentes tipos, y la manera de actuar ante una crisis.

Se hizo, incluso, una obra de teatro que vino bien a todo el mundo, ya que ni padres, ni profesores sabían explicar la epilepsia más allá de los tópicos de las convulsiones.Fue entonces cuando verdaderamente se revertió la situación.

P.- Eso suena muy grave pero…¿qué papel juegan los padres? ¿también son responsables, no?

ID.- Por supuesto, los padres juegan un papel fundamental, tanto de la víctima como los de los acosadores que, en un principio, tildaron la situación de “cosas de críos”. Creo que nunca puede existir un acosador con unos padres responsables. Si los padres están encima de la educación de los niños y se involucran continuamente, los niños acosadores no existen.

Los chicos repiten los modelos que ven en casa. Padres conciliadores que no ejercen presión sobre otros, que enseñan a sus hijos a convivir con las diferencias y las diversidades, esos niños no acosan nunca, son integradores. Los padres son los grandes responsables.

Y si hablamos de los padres de las víctimas, también juegan un papel importante porque nos encontramos los dos extremos: padres que denuncian a la primera de cambio (hay demasiada alarma), y otros que no ejercen la labor de control pertinente en el colegio.

Si un niño tiene epilepsia, es importante informar al colegio del diagnóstico y los síntomas con los que cursa para que, centro y profesores, estén preparados.

P.- ¿La solución, por dónde pasa?

ID.- La formación es la clave. Verdaderamente se está haciendo un buen trabajo con el bullying hoy en día, ya que hay programas interesantes. Pero también me sorprende que la principal formación que se realiza es a través de charlas policiales. Está muy bien, pero considero que habría que hacer un mayor esfuerzo para que los niños aprendan a convivir con compañeros con problemas, con minusválidos, con chicos de otras razas… enseñarles que hay una diversidad en torno a ellos que hay que respetar. Y enseñarles que, en ocasiones, como en la epilepsia, ellos pueden participar y ayudar a sus compañeros. Igual que se enseñan primeros auxilios y a cruzar la calle, habría que enseñarles a convivir con los niños que tienen al lado.